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El miedo en la política electoral costarricense.

Si alguna vez el miedo fue parte de nuestro escenario electoral (especialmente durante el TLC), esta vez corre por todas partes (http://www.nacion.com/nacional/elecciones2014/Sindicatos-empresarios-comparten-cautela_0_1381861845.html y http://www.nacion.com/nacional/elecciones2014/Johnny-Araya-Guevara-Maria-Villalta_0_1381861880.html). Lo relevante de las encuestas y a propósito de ellas, son además de los datos en sí mismos, especialmente las tendencias y aún más aquellas que trascienden los momentos electorales. Hoy aprovecho este principio, para escribir algunas líneas que me parecen pertinentes en el análisis de nuestra realidad nacional, en donde la pregunta fundamental es: ¿Cambió Costa Rica? La respuesta contundente es sí. Hoy ya no es posible pensarla con los parámetros que se venían utilizando – y que paulatinamente se han venido desgastando – para analizarla. Hoy es impredecible… ¿y saben qué? Me gusta y mucho que así sea. Nos está explotando en la cara, aquello que nosotros mismos hemos ayudado – por acción u omisión – a crear.

La política como resultado, no como causa:

Hace poco decía que la política es hoy lo que es producto de varios factores. Primero, resultado de la omisión, inoperancia e incapacidad de la clase dirigente, que cegada por el poder se ocupó de atender menesteres para los que la política no debe ser tomada. La corrupción, las componendas, el dar cabida a “pegabanderas”, plegarse a los grupos económicos ganadores y su modelo de desarrollo, así como gerenciar camarillas tóxicas no les ha deparado más que lo que hoy tenemos al frente. No se encargaron de renovar cuadros dirigentes, no se constituyeron en plataformas de pensamiento, programáticas, con apego a modelos país alternativos, no permitieron el ingreso de propuestas distintas aunque contrarias, para lograr en su propio seno sistemas de diálogo, negociación y concertación que luego pudiesen llevar a estadios superiores; no incorporaron demandas ciudadanas y canalizaron necesidades populares apremiantes que hoy les explotan en sus caras.

Segundo, es resultado de grupos privados, económicos, financieros, productivos y empresariales que padecen de los mismos vicios que los partidos políticos, uno a uno los arriba señalados. Lejos de ello se han venido ocupando en señalar a “la política” y “lo político” (Gobierno, Estado e institucionalidad) como un lastre para el desarrollo, como sinónimo de gollerías, ineficiencia e ineficacia, que ellos mismos se ocuparon de procurar para generar vacíos que pudieran ser llenados desde el mercado y la oferta privada. No hay más ganadores que quienes han trocado en lucrativa la ausencia del Estado en dinámicas y procesos que hoy nos tienen como un proyecto fallido para más de un millón de personas, con brechas cada vez más anchas, no con una sino con varias costarricas.

En tercer lugar, también han colaborado algunos medios de comunicación que igualmente se les pueden señalar algunos de los mismos yerros arriba indicados, y que no han hecho nada por profesionalizar y garantizar la calidad de sus representantes directos, que buscan sólo las notas negativas y que se regocijan mayoritariamente en las faltas que los políticos y la política comete, y en mucho menor medida el sector privado. Han venido dando un concierto cuya tonada se repite tautológica y sistemáticamente, una y otra vez, cual danza en dónde lo negativo, el dolor humano, los sucesos y no los aspectos medulares de la realidad nacional son parte del pentagrama que escriben cotidianamente.

Agreguemos a ello a organizaciones gremiales, sindicales, de empresa privada y también a la ciudadanía, enfrascados en un discurso que se mueve al son de los tres actores anteriores y que han tornado la crítica, negativa y hasta destructiva, como epítome y modelo de la acción ciudadana. En ellos encontramos crítica y señalamientos de estar mal que los políticos alcancen sus intereses validos de artimañas, pero hacen las propias amparados en la opacidad, la impunidad y la incapacidad de sus conciudadanos para detenerles en sus gollerías. Ciudadanas y ciudadanos que se saltan un alto, no pagan impuestos, violentan las filas y no acatan los procedimientos y reglas más básicas de convivencia, legales y de la democracia, y luego esperan que los políticos, empresarios y organizaciones sí lo hagan, cual si se tratara de una suerte de individuos impolutos, de distinta naturaleza que la propia.

Con ese panorama hoy hay quienes quisieran tener una Costa Rica igual a la del siglo pasado o en alguna forma predecible. Me llama la atención aquellas personas que hoy se quejan y señalan tener miedo de un candidato que supuestamente cobra comisiones, al pretedidamente comunista o al populista que miente sin reparo alguno, pero nunca han hecho nada por cambiar ese desenlace. Quisieran tener a un candidato o candidata para el cual nunca han hecho nada por constituirle, para generar su formación; quisieran tener una candidata o candidato ideal, que no puede darse en un escenario como el arriba descrito. ¿Cómo no tener miedo si se ha abandonado el ejercicio político para que otros asuman el control?

El miedo como factor generalizado:

¿Tiene miedo cierto sector de la sociedad que llegue José María Villalta al poder? ¿Tienen miedo otros sectores que llegue Johnny Araya? ¿Hay quienes le temen a la llegada de Otto Guevara a la Presidencia? La pregunta para todos es: ¿Hicieron algo para no tener que llegar a esta situación? ¿Qué ha hecho usted individualmente o colectivamente para que ese temido desenlace no sea el que tenemos hoy planteado? Si hoy hay empresarios que no quisieran ver lo que están viviendo, por ejemplo: ¿dónde estaban cuando en el país se plantearon las interrogantes y propuestas para el financiamiento de los partidos políticos? Yo quisiera ver a los banqueros y el sector financiero, hoy con las encuestas como único factor de “viabilidad” para el financiamiento,  teniendo que darle dinero a quien no quisieran darle ni un solo centavo, porque no creen en su proyecto político, porque tienen temor de lo que hará cuando llegue al poder. Dónde estaba este sector hoy preocupado cuando debió reunirse – taco a taco – con autoridades electorales para analizar las formas de financiamiento para la democracia.

Hoy nos enfrentamos potencialmente a un “TLC 2”, un escenario nuevamente escindido, dos costarricas, dos poblaciones, grandes brechas en todos los ámbitos, como la salud, la educación, el crédito, las posibilidades productivas, lo digital y muchas otras. No sólo entre ricos y pobres, sino también entre jóvenes con un panorama sombrío, adultos mayores con sistemas de pensiones quebrados, población urbana con mundos plagados de ilusiones consumistas y una población rural con un mundo cada vez más estrecho, en franco deterioro y exterminio. Con un discurso ecologista hacia afuera y con una realidad ambiental distinta a lo interno. ¿Dónde han estado los diálogos, los acercamientos? Seguimos en un mundo de miedos, de temores donde tememos aquello a lo que nosotros mismos hemos creado y de lo que sólo nosotros mismos tenemos la solución.

El Gobierno que hemos padecido en los últimos cuatro años es causa, pero principalmente resultado de lo mal que estamos. Igual nuestros partidos políticos, nuestro empresariado, nuestras organizaciones sindicales… en fin todo nuestro sistema de liderazgo y nuestra institucionalidad.

Parafraseando al doctor Manuel Rojas Bolaños, para las próximas elecciones está en juego mucho más que quién nos gobernará los próximos cuatro años. Está en juego el país. Si usted no quiere que el panorama esté tal como está, piense bien no sólo su voto, sino lo que sucede a partir de él. La política hoy en día es principalmente resultado, como causa de nuestras acciones.  No pidamos nada distinto, cuando no hemos hecho nada para cambiarlo.

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Gustavo Araya

Director/Presidente at Instituto Ciudadano
Politólogo y Máster (Magister Scientiae) en Comunicación (graduación de honor). Profesor en las áreas de Investigación, Audiencias, Recepción y Teorías de la Comunicación, en grado y postgrado en Comunicación de la Universidad de Costa Rica, desde 2005.

Con 20 años de trabajo profesional como investigador, consultor, en las áreas Comunicación Política, Opinión Pública, Inteligencia de Mercados y Gestión de Ciudadanía. Ex Director de la Unidad de Monitoreo y Análisis de la Presidencia de la República en Costa Rica (1994-1998) y Ex Director de Estudios de Opinión Pública para Centroamérica y República Dominicana para las compañías CID-Gallup (1999-2007), GfK (2007-2008) e Ipsos en Centroamérica (2008-2010).
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