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Análisis de los primeros 100 días de gobierno: Las razones de fondo detrás de las contradicciones.

Las reiteradas contradicciones en las que el presente gobierno de turno, ha venido incurriendo en sus primeros días de gestión, deberían motivar más que a evidenciarlas y exhibirlas, a reflexionar sobre las  razones o factores de fondo que las ocasionan.

Las contradicciones, inconsistencias o errores, son sólo lo epidérmico, la sintomatología de un problema mayor, que encuentra sus bases no sólo en el sistema de partidos políticos, y de estos cuando alcanzan el poder, sino también del sistema político mismo. No es de extrañar que por ello, parte fundamental de su solución pase por la revisión y modificación de nuestra institucionalidad democrática.

Pero veámoslo en detalle, tomando como caso de análisis la actual administración. Sería injusto achacar la totalidad de los problemas a la impericia o reducir el asunto como únicamente un problema de comunicación o coordinación. Ambos elementos, lo que permiten es mostrar o dejar ver lo que sucede estructuralmente.

El problema es más profundo en lo que al Gobierno se refiere, y parece obedecer a la ausencia de una agenda clara y objetivos políticos jerarquizados,  bien a la existencia de varias agendas o intereses en pugna. Cuando no hay objetivos claros, no hay qué comunicar de manera idónea. No hay estrategia alguna que resulte válida, si sólo toma en consideración la comunicación en sí misma, eso rosaría la estupidez.

Primero recordemos la conformación del actual Gobierno, desde su fuente primaria: el partido político. Llega al poder, de manera súbita, casi sin planificación suficiente – por la premura misma impuesta por el ritmo electoral – para la concreción de un plan integral que más que ideas, mostrara actores u operadores políticos validados, más allá de la autocomplacencia partidaria. Este reclamo fue constante por parte de varios sectores e incluso aprovechado por la crítica de la oposición.

En segundo lugar, valga recordar que el Partido Acción Ciudadana lleva un proceso inconcluso de cohesión ideológica, que no cristalizó en un acuerdo final, formal y claramente expuesto a la ciudadanía. La disputa para llegar a ello se realizó, pero no se concretó más allá.

Y en tercer lugar, el partido mismo resulta una amalgama de intereses y grupos diversos, transversalmente recorrido por apoyos a la figura fundacional y por reclamos de conformación de nuevos cuadros, e incluso por recién llegados, como el mismo ahora mandatario.

En la actualidad al partido de gobierno, lo tienen hincado figuras carentes de legitimidad interna, que restan en capacidad de acción, cercanas al Presidente pero no a la estructura que, como si esto fuera poco, no necesariamente comulgan con la base esencial de la promesa del propio partido: la ética, y así lo reconocen abiertamente, pues no es su “problema”. Estas figuras lejos de acercarle a un cambio lo han sumido en más de lo mismo que se ha observado en administraciones anteriores.

Estamos frente a una administración con un manejo deficiente de las expectativas realizadas en campaña, que se auto impuso plazos y metas de difícil cumplimiento, en razón que la toma de ciertas decisiones no solo le competían al mandatario, y que  empiezan a generar un clima adverso en la población, que no se esperaba un discurso tan disonante entre lo manifestado en campaña “Vamos a cambiar Costa Rica” y lo proclamado solo unos meses después desde el gobierno de “El gobierno no puede arreglarlo todo.”

Lo anterior,  el propio Presidente de la República lo ha resumido con la desafortunada frase “una cosa es verla venir y otra bailar con ella.” Abónese a ello la ruptura casi inmediata con los sectores de reivindicación social más vehementes, que vieron traición en la disposición del PAC en la Asamblea Legislativa a negociar votos para la Presidencia del Congreso a cambio de proyectos relacionados con la las uniones de personas del mismo sexo.

La imposibilidad de distanciarse de los poderes fácticos por un tema de pragmatismo, le genera una profunda resaca de frustración y engaño a algunos, sobre todo a los más esperanzados en un cambio radical con la llegada de un nuevo inquilino a Zapote. En ello destaca la adopción de la agenda comercial exportadora prácticamente sin recelo alguno, que pareciera estuvo hecha independientemente de quién llegara al poder, atrayendo la mirada del Ejecutivo desde el principio a este sector acostumbrado a las mieles del poder, mientras el sector productivo interno continuaba como hasta la fecha, teniendo que acudir a los medios de comunicación a reclamar la desatención esta vez por el novel gobierno.

Ha quedado claro, que el cambio no pasa por un tema de actores (políticos o partidos) sino versa más bien sobre un tema de necesidad de emprender grandes reformas al Estado. Tal como lo habíamos advertido con anterioridad, los males no acabarán de forma automática y por arte de magia luego de un proceso electoral, independientemente de quien resulte electo.

El Poder Ejecutivo parece estar necesitando de varios aspectos fundamentales:

El primero de ellos estratégico, que le permita a conformar una agenda posible y plausible, una alianza fuerte con sectores que le permitan sostener un viraje – sin dejar de lado el modelo de desarrollo vigente – hacia un modelo productivo más inclusivo, que tenga como participantes fundamentales a las fracciones turística, industrial y agropecuaria.

Posteriormente, una base material que incorpore los reclamos esenciales de la sociedad civil, especialmente en lo que a sostenibilidad, ambiente y empleo se refiere.  Así como, saberse rodear de operadores políticos válidos – y que entiendan realmente la situación nacional sin catalogarla de “pequeñez” o desvirtuarla porque no es lo que pasa en otros países – para cada uno de esos frentes, que tengan capacidades de diálogo y de concertación, sin más agenda que la del mandatario mismo.

Sí lo que deseamos es un verdadero cambio en tanto en la  forma de hacer política como en el fondo de las repercusiones que pueden tener los procesos de toma decisiones,  debemos encaminarnos hacia un sistema que permita construir un hábitat de convivencia al menos cordial, entre las fuerzas políticas representadas en el primer poder de la República y su interrelación con el poder  Ejecutivo, un viraje hacia el parlamentarismo, que parece tan necesario pero a su vez tan distante de algún día poder alcanzar.

El señor Presidente pidió que si se equivocaba lo corrigieran, si se perdía que lo buscaran. ¡Estamos cumpliendo a su palabra, todavía se encuentra a tiempo de rectificar!

Daniel Calvo Sánchez & Gustavo Adolfo Araya Martínez / Politólogos

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Gustavo Araya

Director/Presidente at Instituto Ciudadano
Politólogo y Máster (Magister Scientiae) en Comunicación (graduación de honor). Profesor en las áreas de Investigación, Audiencias, Recepción y Teorías de la Comunicación, en grado y postgrado en Comunicación de la Universidad de Costa Rica, desde 2005.

Con 20 años de trabajo profesional como investigador, consultor, en las áreas Comunicación Política, Opinión Pública, Inteligencia de Mercados y Gestión de Ciudadanía. Ex Director de la Unidad de Monitoreo y Análisis de la Presidencia de la República en Costa Rica (1994-1998) y Ex Director de Estudios de Opinión Pública para Centroamérica y República Dominicana para las compañías CID-Gallup (1999-2007), GfK (2007-2008) e Ipsos en Centroamérica (2008-2010).
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