» Sin categoría » Analistas con problemas horribles…

Analistas con problemas horribles…

Se imagina usted a un médico que, luego de un diagnóstico, le diga “usted está horriblemente enfermo”, o bien que le dijera “qué inútil ha sido usted, no es capaz de seguir las indicaciones ¿verdad?”. Qué tal si trocase la frase de prescripción en un “usted no parece tener futuro, su recuperación será espeluznante”.

Cualquiera de estas reacciones de la persona profesional en medicina sería inesperada ¿verdad?

Y si usted fuera donde el mecánico y le dijera “Ese problema en su auto es porque como que usted es medio torpe” o mejor aún si le dijera “Mejor usted no maneje, más parece que le salió la licencia en un cereal”.  ¿Usted lo esperaría? No ¿cierto?

Pues bien, precisamente hace muchos años desde mi formación en Ciencias Políticas, uno de mis maestros (Daniel Masís Iverson) me aconsejó – en concordancia con mi formador en Filosofía (Victoriano Garrido) quien me urgió siempre a buscar las causas últimas – que entre menos o del todo omitiera los calificativos y los adjetivos, mejor sería para el análisis. Y ello basado en varias premisas, entre las que destacan las siguientes:

a)      Deben eliminarse las cargas valorativas subjetivas del análisis. A nadie le importa si uno piensa que algo es “bonito” o “feo”, “tonto” o “genio”, pues todo ello depende de motivaciones absolutamente subjetivas y por lo tanto relativas, a los gustos y preferencias de cada una de las personas.

b)      Las valoraciones (adjetivos, epítetos y demás) no aportan al análisis en lo absoluto.  Si un mecánico dice que el freno está desgastado, no le agrega nada que indique está “trágicamente” desgastado. Finalmente, el freno tiene un desgaste y ya. Si quisiera “calificar” dicho desgaste aporta más si  da las dimensiones concretas (en milímetros o en la forma del desgaste) que en la valoración subjetiva del mismo. Otro mecánico podrá pensar que la cosa no es tan grave. Calificar el desgaste no lo hace ni mejor ni peor mecánico, pero dar en la causa del desgaste y señalar la solución del problema sí.

c)       Las calificaciones no sólo no aportan nada sino que convierten al texto del análisis – y por lo tanto a su creador – en lo relevante. Es decir, es similar a como si el texto cobrase vida y de repente la discusión es sobre el análisis y no sobre lo que el análisis versa. Lo importante es la realidad y ver cómo discutir, para dar soluciones, no los análisis y sus percepciones. Habrá a quienes les gustan los análisis pomposos, cargados de juicios de valor, adjetivos y epítetos, pudiendo encontrarse los fines en el auto-halago, ganar notoriedad ellos o ellas como “analistas” y no realmente aportar a la discusión, o bien porque consideran que las formas y no el fondo es lo que “suma”. Otros, porque en realidad están en campaña a favor o en contra de lo que versan sus escritos y declaraciones.

Lo cierto del caso es que, sean estas u otras razones, las valoraciones enturbian el análisis y desvían la atención de lo sustantivo. No se está siendo honesto con quienes se supone son las personas destinatarias del texto (oral o escrito), pues hay un “pre-texto” (texto previo o razón detrás) que no se está diciendo. Esos “análisis” esconden las verdaderas intenciones de quienes los formulan y no resulta fácil encontrarlas, mas sí cuando se observa el uso, y a veces hasta abuso, de calificativos.

Es una lucha interna que debemos dar todos – no importa si se analiza una situación como politólogo o como ingeniero civil – de no imprimir nuestras propias valoraciones a aquello se supone es nuestro objeto de estudio. Claro está por ejemplo que una persona profesional en ingeniería, derecho, así como aquellas que se dedican a la mecánica o a la medicina, digamos que “nada” pasa si cargan de epítetos sus análisis o diagnósticos…aunque sí afectan. Pero en el caso de la política y máxime quienes trabajamos en comunicación política sí. Nuestras valoraciones subjetivas sesgan y podrían inducir a error, más aún cuando esa persona “analista” se toma como referente.

Permítaseme este texto, con el pre-texto, de intentar colaborar en encontrar a quienes buscamos hacer Ciencia Política y Comunicación Política, con apego a valores democráticos. Obviamente podemos equivocarnos, pero buscamos ser prestos en la búsqueda de las causas y sus consecuencias, desenmarañar lo que observamos, pero hacerlo siempre sin procurar dobles agendas.  No busco calificar a nadie, no vaya a ser que caiga presa de mis propias palabras. Mi intención es ser transparente: sí, el título de este artículo sólo buscaba llamar la atención.

Dicen que “perro que come perro no es buen perro”. Lo que sucede es que debemos diferenciar entre “analistas” y seguidores, “analistas” y simpatizantes. El título universitario no lo es todo.

Sígueme

Gustavo Araya

Director/Presidente at Instituto Ciudadano
Politólogo y Máster (Magister Scientiae) en Comunicación (graduación de honor). Profesor en las áreas de Investigación, Audiencias, Recepción y Teorías de la Comunicación, en grado y postgrado en Comunicación de la Universidad de Costa Rica, desde 2005.

Con 20 años de trabajo profesional como investigador, consultor, en las áreas Comunicación Política, Opinión Pública, Inteligencia de Mercados y Gestión de Ciudadanía. Ex Director de la Unidad de Monitoreo y Análisis de la Presidencia de la República en Costa Rica (1994-1998) y Ex Director de Estudios de Opinión Pública para Centroamérica y República Dominicana para las compañías CID-Gallup (1999-2007), GfK (2007-2008) e Ipsos en Centroamérica (2008-2010).
Sígueme

6 thoughts on “Analistas con problemas horribles…

  1. Gracias don José. No recuerdo calificar cuando intervengo en los medios, pero de seguro puedo estar equivocado. Le agradecería me señale ejemplos, los cuales usaré para corregir entonces ese comportamiento o hábito. Además gracias por su observación. Saludos.

  2. Gracias Esteban. Concuerdo. Generalmente prefiero utilizar el título “politólogo”, pues analistas en efecto puede que haya muchos. No he leído el texto de Luhmann que señalas – o no lo recuerdo – pero también concuerdo, bien podría ser un asunto de palabras. Un gran abrazo.

  3. Con todo respeto, se contradice por completo a sus usuales intervenciones en medios de comunicación. Una muy light observación sobre sus propios vicios.

  4. Creo más bien que Luhmann diferenciaría entre “analistas” y “comentaristas”. Estos últimos son los que abundan en los medios de comunicación. Se dedican a relatar los eventos políticos de forma parcializada y sin ningún fundamento científico. Sus comentarios son semejantes a los del “policía de la moda” en programas de chismes y farándula: “no me gustó su vestido”, “faltó una corbata”, “que lástima que no se peino bien”. No es de extrañar que este tipo de frases fueron las que abundaron entre los “analistas” después del informe de los 100 días: “no me gustó el énfasis en las denuncias”, “faltó una hoja de ruta “, “que lástima que no invitó a tal sector”. Lo bueno, es que he notado que la gente en las redes sociales distinguen la falsedad y pobreza de un “análisis político”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *