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A 17 días de la huelga contra el proyecto de ley de “Fortalecimiento de las finanzas públicas”

A hoy, llegamos a 17 días de huelga, que ha dejado ver algunos elementos sustantivos de las posiciones del Gobierno, los sectores productivos, los sindicatos y hasta la misma Iglesia.

Lo primero es que las manifestaciones abandonaron o dejaron de estar siendo aprovechadas por grupos que cometían actos de vandalismo y delito, o al menos ya no se observan con la frecuencia y magnitud de los primeros días. Esto podría revelar que la acción policial caló (la estrategia fue exitosa) y que quienes virtud a la situación aprovecharon para las fechorías dieron un paso atrás, por señalamiento de los mismos alzados en huelga o por la propia ciudadanía que no tiene por qué ser víctima nunca.

Entramos en un período de “prueba de fuego” donde se formó una mesa de diálogo. Esa que sindicatos y otros movimientos y sectores pedían. Esta – con la oportuna y espontánea participación de la Iglesia (que si tiene o no legitimidad o si tiene o no capacidad es otra historia) puso en evidencia que el país no cuenta, a hoy, con algún actor o sector claramente definido, con la legitimidad o el “peso” suficiente para llamar a las partes en conflicto y llamarlas a negociar. Hay que aclarar que la Iglesia no se ofreció, sólo bastó que pidiera la conversación como mecanismo y las partes le convocaron para que mediara. Obviamente, acepta. Pero también revela esta situación que la Iglesia está “lesionada”, más allá de lo acaecido durante el último proceso electoral. Su revisión histórica y papel habrá de realizar.

En este período “de prueba de fuego” los sindicatos han hecho evidente que a) no estaban en realidad en disposición de alcanzar acuerdos b) que las divisiones (BUSSCO y Patria Justa, es sólo una de sus múltiples fisuras) c) que su interés genuino estaba en la lucha por el tema de empleo público y no en temas de interés de la ciudadanía o por la ciudadanía y d) que pesa aún mucho en su dinámica la apelación a elementos simbólicos (alcanzar la misma meta en días que las luchas del Combo del ICE o superarlo, darle identidad a esta marcha… y que la de los “gatos” puso también al descubierto que la creatividad para ellos tiene límites).

Para el Gobierno este período “bajo fuego” sirvió para a) desgastar con figuras de relativo menor peso el movimiento, en la mesa de negociación; b) que la comunicación política y una estrategia ha brillado por su ausencia (amén del fracaso de los “traductores fiscales”) y que c) es el Presidente de la República el que debe poner el “pecho a las balas” y jugarse sus objetivos en el día a día (cadena nacional, recorrido por los medios) y no el Ministro de la Presidencia (que aunque sea un excelente operador político) lo devuelven “enjuagado”.

Ha puesto de manifiesto es fundamental, que el Presidente, continúe por la senda que trazó cuando fue candidato – así se comprometió – con el tema fiscal como acción urgente y necesaria de su gobierno y es quien debe apostar todo su capital político. El PAC debe saber que al triunfar en abril 2018 perdía automáticamente en 2022. El tema fiscal no es, ni será nunca, un camino de éxitos y aplausos electorales o populares.

El Ministro de la Presidencia por lo tanto, de cuerpo completo, en la Asamblea Legislativa y en contacto permanente, segundo a segundo con todos los sectores y actores nacionales, sabía que el desgaste también le vendría. Las fracciones legislativas harán lo que les corresponda – si lo hacen responsablemente y sin fines electorales – en cumplimiento de sus promesas de campaña, que también apuntaban a la atención de la situación fiscal. Especialmente el Partido Restauración Nacional, que otrora dio cobijo y refugio a quienes desde la mayor preocupación por la economía le vieron como el papel en blanco para un programa de gobierno 2.0 en el que prácticamente reza la misma fórmula que lo expuesto en el proyecto de ley que hoy se discute en el plenario (IVA, renta, empleo público y regla fiscal).

La huelga, luego del 12 de setiembre, ha venido de más a menos, perdiendo rápidamente reflejo de instrumento popular en el momento en que atentó contra el abastecimiento de combustible, las citas médicas, los estudios y alimentación en los centros de enseñanza y contra la posibilidad de trabajar, movilizarse y hasta celebrar las fiestas patrias. Hoy toma bocanadas de aire por el auxilio de los sectores magisteriales y de salud. Ya las estocadas de la puesta en funcionamiento del Procesal Laboral se han ido encargando de ser cuchillo para cuello propio.

Tanto más desesperada y precaria sea la capacidad para sostenerla, más peligroso que se vuelva a salir de las manos (*). En la mesa no se resolverá, al menos de momento, salvo una maratónica y atropellada formulación antes de este viernes a las 10 de la noche.

(*) Cuando subí este texto, aproximadamente a las 8:50 de la mañana del 17/09/2018, aún no se había dado la disputa por la toma de quirófanos en el Hospital San Juan de Dios, donde se pone en evidencia que la precariedad del movimiento de huelga lleva a medidas extremas, que fácilmente se salen de control y que ponen en evidencia la fragilidad del poder, no solo en los sindicatos, sino en todas las partes involucradas en el fenómeno. https://www.nacion.com/el-pais/servicios/acta-por-toma-de-quirofanos-del-san-juan-de-dios/PQSUS7HZIFGE5LE6Z3YJM4MDEI/story/

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Gustavo Araya

Director/Presidente at Instituto Ciudadano
Politólogo y Máster (Magister Scientiae) en Comunicación (graduación de honor). Profesor en las áreas de Investigación, Audiencias, Recepción y Teorías de la Comunicación, en grado y postgrado en Comunicación de la Universidad de Costa Rica, desde 2005.

Con 20 años de trabajo profesional como investigador, consultor, en las áreas Comunicación Política, Opinión Pública, Inteligencia de Mercados y Gestión de Ciudadanía. Ex Director de la Unidad de Monitoreo y Análisis de la Presidencia de la República en Costa Rica (1994-1998) y Ex Director de Estudios de Opinión Pública para Centroamérica y República Dominicana para las compañías CID-Gallup (1999-2007), GfK (2007-2008) e Ipsos en Centroamérica (2008-2010).
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