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Las razones tras el cisma que vive Restauración Nacional.

El “timing” de la escisión del Partido Restauración Nacional no es casualidad. Hay que recordar que que estamos a un año exactamente de la declaratoria oficial del inicio del proceso electoral 2020 y para constituirse en una fuerza válida y formal se debe registrar el partido, realizar asambleas cantonales, provinciales y nacional, nombramiento del Directorio Político, comunicar a las bases de la separación y su proyecto político, así como generar una plataforma administrativa para recaudación de recursos, organizar las bases, realizar los procesos internos para selección y nombramientos de representantes a papeletas, etc.

Precisamente por ello hay que tener en consideración las que razones del cisma que vive Restauración Nacional son diversas. No todo tiene que ver con el proceso electoral en sí.

Primero: Recordemos que se trata de un grupo religioso, constituido en partido político (así se puede constatar estatutariamente), por lo tanto incluso hasta rencillas y tensiones de índole religiosa pueden estar a la base de las disputas internas.

Segundo: por ello la “plasticidad” de su proyecto político, con versiones pre-campaña, campaña y entre la primera y segunda ronda (su alejamiento o cercanía al plan fiscal es un asunto lejano de ser estrictamente ideológico en el sentido clásico).

Tercero: como amalgama multisectorial, de cara a un proceso electoral, que también explica su fragmentación, obedece a una composición diversa de cultos, pensamientos y líderes, donde las principales figuras disputan con los liderazgos religiosos y territoriales existentes.

Cuarto: las diferencias en campaña y post campaña, hicieron evidente la ya existente división interna (esta no es consecuencia, sino causa) en la disputa por el poder político y control del “vehículo” o “herramienta” electoral conformada, donde la disputa por la hegemonía del poder económico es fundamental.

Quinto: es más que lógico que la debilidad como partido político (cuadros dirigentes formados en la cosa pública, amalgama ideológica, especialmente) le hacían susceptible de caer en fragmentación ante la presión interna y externa, ante una situación apremiante como la atención del déficit fiscal. Por ello, ante la presión externa (procurada por Gobierno, otras fracciones legislativas, y grupos de interés y de presión), sucumbe y termina de fisurarse.

Sexto: sin abandonar su sello religioso (que no terminó nunca de consolidar por completo para constituirse en fuerza política como tal) hará que la disputa en lo sucesivo esté también planteada en el plano del credo (en lo religioso propiamente dicho). Estará marcada por la lucha en la representación de la voluntad divina de ser los llamados a Gobernar y denunciar a quienes sean una (de un lado y de otro, y entre ambas fracciones en la Asamblea Legislativa y fuera de ella) los legítimos o falsos representantes de la espiritualidad de sus simpatizantes.

Nota al pie: La política no es matemática lineal… no todos los que votaron por don Fabricio se pueden “endosar” como capital electoral a su nuevo partido y menos para procesos municipales. Es necesario hacer estudios científicos para tal efecto.

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Gustavo Araya

Director/Presidente at Instituto Ciudadano
Politólogo y Máster (Magister Scientiae) en Comunicación (graduación de honor). Profesor en las áreas de Investigación, Audiencias, Recepción y Teorías de la Comunicación, en grado y postgrado en Comunicación de la Universidad de Costa Rica, desde 2005.

Con 20 años de trabajo profesional como investigador, consultor, en las áreas Comunicación Política, Opinión Pública, Inteligencia de Mercados y Gestión de Ciudadanía. Ex Director de la Unidad de Monitoreo y Análisis de la Presidencia de la República en Costa Rica (1994-1998) y Ex Director de Estudios de Opinión Pública para Centroamérica y República Dominicana para las compañías CID-Gallup (1999-2007), GfK (2007-2008) e Ipsos en Centroamérica (2008-2010).
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